¿Gracias por la música?
Leer en Nueva Tribuna (24-2-2018)

A mis hijos no les ha quedado más remedio que escuchar toda esta música que yo iba dejando aquí y allá, aunque ellos, por supuesto, fueron creciendo y explorando sus propios gustos musicales, a menudo orientados en torno a los éxitos del momento, a lo que escuchaba la mayoría de sus compañeros de clase. No soy dado a las grandes charlas paternas, no me gusta aleccionar ni influir en los gustos o hábitos de mis hijos más allá de lo que uno pueda aportar con el ejemplo propio. Siempre he pensado, tengo libros, acabarán interesándose por ellos; tengo buenos discos, acabarán escuchándolos, descubriendo que hay vida más allá de los Cuarenta Principales… No obstante, de un tiempo a esta parte, el fenómeno Operación Triunfo ha hecho que esta ingenua fe mía se tambalee. Mi hijo de doce años sale de la ducha cantando a grito pelado Gracias por la música, ¡de Abba!, y a la niña me la encuentro desmayada por los sillones (ella lo niega), con los ojos en blanco, escuchando alguna canción tan empalagosa y cursi que hace que Perales parezca de los Sex Pistols. La idea del éxito y de la música que promueve ese programa es nauseabunda, pues todo lo convierte en producto para la venta. Pero eso ya lo sabíamos. Lo verdaderamente imperdonable es su falta de tacto hacia quienes en realidad sufrimos las consecuencias de ese éxito, nosotros, los padres.
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