PALABRA POR PALABRA. Antisistema

Publicado en el diario "La Opinión A Coruña" (Suplemento Saberes) el día 27-10-2012

El Roto
Siempre me ha gustado ir al cine. Antes, en los tiempos en que uno se lo podía permitir, a pesar de ser un estudiante, o un empleado novato (y luego no tanto) que miraba con envidia a esos tan mentados y sufridos mileuristas, solía acudir a las salas dos e incluso tres veces por semana. No obstante, recuerdo haberme lamentado siempre de una cartelera poblada de cine comercial norteamericano, en la que apenas hay espacio para las producciones nacionales y mucho menos europeas.
Siempre me han gustado los libros. A menudo he sacrificado otros placeres, incluso el cine, por juntar el dinero suficiente para llevarme a casa la última obra de mis escritores favoritos… también de otros autores que iba descubriendo poco a poco, a través de la prensa, antes de que los recortes en subvenciones y la desbandada de lectores acabase convirtiendo las páginas culturales en una sección mínima y puramente testimonial.
A mis hijos siempre le han gustado las excursiones culturales que cada año organizaba el colegio público en el que estudian para llevar a los niños al museo, al cine, al teatro… incluso a visitar el parque de bomberos. Sin embargo, desde hace dos años, éstas se han terminado. El profesorado lo ha decidido así (cargado de razón) debido a la falta del personal necesario para garantizar la seguridad de los alumnos fuera del recinto escolar. Además, mientras otros alumnos de su clase toman lecciones de Religión, con su profesor titular y todo, mis hijos y otros compañeros comparten hasta dos horas semanales de Nada (Atención Educativa, lo llaman) de nada.
Al ministro de Educación, Cultura y Deporte de este país (olvidaba mencionar las dos horas semanales de Educación Física, una de las cuales se imparte con libro, y supongo que no podrán leerlo mientras corren, con las que se trata de fomentar la práctica deportiva en las aulas) le parecemos unos “antisistema” quienes no compartimos su visión festivo-taurina de la cultura y quienes defendemos una enseñanza pública no ya de calidad, sino de primer nivel, con la que garantizar la igualdad de oportunidades y la construcción de una sociedad más justa, donde no solo los ciudadanos con más dinero puedan permitirse el “lujo” de la cultura. Tal vez tenga razón Wert y, hoy en día, pretender que un gobierno democrático invierta en Educación y Cultura sea cosa de “izquierdistas radicales”... ¡Qué vienen los rojos!

Comentarios

  1. El problema es que hay padres que quieren que sus hijos estudien cosas muy extrañas que no dan ninguna confianza a los mercados, cuando menos a un gestor político al uso. Lo dijo hace unos meses un amigo de Wert: si alguien quiere tener conocimientos sobre la Grecia clásica, que se pague el lujo.

    Estoy leyendo un libro que compré en la Plaza Nueva un día bilbaíno de inolvidable recuerdo. Se titula "La segunda muerte de Ramón Mercader" y lo escribió Jorge Semprún. Hubo un día en que el Ministro de Cultura, además de culto, hacía honor a su nombre.

    Javier

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