En defensa de las musarañas
Leer en Nueva Tribuna (27-3-2018)

No obstante, público o concertado, otro impuesto revolucionario continúa cobrándose el tiempo de nuestros hijos con la misma obstinación de siempre: los deberes.
El actual sistema educativo, después de tanta reforma y contrarreforma, continúa pareciéndose sospechosamente al de toda la vida. El mismo temario, aprendizaje de memoria, exámenes fiscalizadores y una forma de transmitir los conocimientos absolutamente desconectada del tiempo en que vivimos, incapaz de motivar o estimular lo más mínimo la inteligencia, la creatividad y el espíritu crítico de los alumnos. Los profesores deben de sacar adelante su temario y todo lo demás queda supeditado a este objetivo.
Y los deberes.
No me parece mal que mis hijos traigan, de vez en cuando, tareas para hacer en casa y así repasar los conocimientos adquiridos, sin embargo, la carga de trabajo con la que llegan algunos días y, sobre todo, fines de semana o vacaciones, es descabellada. Descansar, no hacer nada, pensar en las musarañas… son también actividades muy enriquecedoras, sobre todo después de pasarte seis horas diarias en el instituto.
Ahora llega una semana de vacaciones en la que todos tendremos que estar pendientes de los deberes a granel que se traigan en la mochila. Sinceramente, preferiría que dedicasen su tiempo libre a leer, y si esto fuese pedir demasiado, dejemos que se aburran, que se queden un buen rato mirando al cielo o al techo de su habitación. Tal vez así, nos salga algún novelista.
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