El máster y el tiempo

Leer en Nueva Tribuna (21-4-2018)

El gusto español por los másteres viene de hace relativamente poco, o mucho, no sé, porque con esto del tiempo todo es, en verdad, relativo. Eso tan comentado de que con los años todo pasa más rápido es un decir muy extendido pero, por desgracia, poco o nada estudiado. Voy cumpliendo años y la velocidad que han ido adquiriendo las horas, las semanas, los meses, las estaciones y, sobre todo, las vacaciones de verano y cualquier otra festiva efeméride, me parece un asunto de importancia mundial, uno de esos extraordinarios misterios de la naturaleza humana o universal que debería de tener en jaque a la comunidad científica internacional, objeto de estudio de enjundiosas investigaciones en las más prestigiosas universidades europeas y americanas, fundamento de profundos artículos de opinión (como el que aquí nos ocupa) y tema de conversación en bares y fruterías, incluso en el campo de fútbol. Sin embargo, qué puedo decir, tanto en la prensa como en los bares siempre acabamos hablando de asuntos de mucho mayor calado, como las regias tiranteces monárquicas entre suegra y nuera o el revuelo de másteres ficticios adquiridos a granel por nuestra “clase” política. Y no deja de ser curioso todo este barullo, tanta indignación, las peticiones de dimisión, las dimisiones mismas… porque como vengo diciendo y como bien he podido observar a lo largo de los años, aunque he de reconocer que sin base científica alguna dada la falta de medios e interés político y académico para este tipo de investigaciones, el tiempo voraz acabará con todo este asunto en cuestión de semanas. Pero a lo que íbamos, que pasa de nuevo el tiempo y yo por las ramas: los másteres. En mi época de estudiante, allá por los noventa, empezaba a hablarse de ellos. Muy pocos los cursaban, porque los precios eran prohibitivos y, seamos sinceros, aquello parecía un nuevo producto de consumo, el último hallazgo del departamento de marketing de alguna universidad privada para conseguir vendernos una nueva necesidad vital. Y, mira por dónde, el tiempo esta vez ha corrido para darnos la razón. No eres nadie sin un buen máster, y tanto proliferaron que ni siquiera uno es suficiente. Ahora ya vienen incorporados a las propias carreras, ¿qué es hoy en día un grado sin su máster? Cómo no va a querer todo el mundo empapelar de másteres su currículum… Lo más triste es que algunos acabarán dimitiendo por sus intenciones académicas y no por sus insensateces políticas. Digno de estudio.   

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