Lejos del mundanal ruido político - Fernando Ontañón - Diario digital Nueva Tribuna
Lejos del mundanal ruido político - Fernando Ontañón - Diario digital Nueva Tribuna (21-2-2015)
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Bernardo Atxaga (Foto: JAIME GALINDO) |
En
medio de todo el ruido político (que es como decir mediático) de estos días,
que es el ruido de la actualidad y de la vida irreal de este país en el que
todo es política, los gritos, las amenazas, las descalificaciones a bulto, el
“¡y tú más!”, los titulares de las portadas de los periódicos, la parcialidad
informativa, la basura de la televisión, los espectáculos culturales, los best sellers y hasta el fútbol… todo
política. En medio de este carnaval, decía, yo me he pasado tres días inmerso
en las páginas de Días de Nevada, de
Bernardo Atxaga, tres días en Reno, “Siempre hay silencio en Reno, incluso de
día”, días de absorto agradecimiento por esa escritura, tan reconocible,
entretejida precisamente de silencios, como una suite, como un haiku. De la
prosa de Atxaga emana una calma de bosque profundo, de montaña solitaria, una
voz pausada y limpia, imaginativa y de una altísima calidad literaria. Su
lectura ha sido como encontrar un oasis de tranquilidad e inteligencia que
ahora duele abandonar.
La
voz de Atxaga es para mí como la de un viejo amigo, alguien a quien conozco
desde siempre, que cada cierto tiempo me escribe al oído historias inolvidables
como Obabakoak, El hombre solo o El hijo del
acordeonista, y que en esta ocasión ha querido ir más allá de la ficción y
urdir un maravilloso juego de resonancias literarias y personales a través del
relato de los diez meses que, entre los años 2007 y 2008, pasó en Reno con su
familia como escritor visitante de la Universidad de Nevada. No obstante,
enseguida comprendemos que Atxaga disecciona lo real con cirugía literaria y
que, casi sin darnos cuenta, lo que parecía una crónica se ha convertido en una
novela; él, su familia y amigos, en personajes; sus sueños, que detalla
minuciosamente, en cuentos breves y extraordinarios; los desiertos de Nevada,
en las montañas legendarias del País Vasco; la urgencia del presente, en la
memoria lenta de su infancia y su juventud…
Dentro
de las páginas de Días de Nevada, la
realidad se vuelve sutil, inteligente, bella a pesar de todo (porque también
están presentes la violencia y la muerte). Afuera, sin embargo, la irrealidad
vulgar de la política, que todo lo salpica y corrompe estos días, me parece
cada vez más ensordecedora, más ruin, más falsa y vacía, un desierto que rodea
y constriñe el silencioso oasis de nuestras vidas cotidianas.
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