Ir al contenido principal

Entradas

Destacados

Guantazo divino

Muchas veces pienso que es un milagro, que quizá Pepiño y los otros curas del colegio tenían razón y Dios existe. Y aunque nunca haya jugado a los dados con nadie, puede que lo del libre albedrío se le fuese de las manos en una loca partida de cartas. Porque, díganme ustedes, ¿cómo es posible que hayamos llegado hasta aquí (y me refiero a este punto frágil, pero inestimable, de civilizada convivencia) nosotros solos sin, digamos, algún que otro empujoncito divino? Con “nosotros”, claro, me refiero a los seres humanos, pero, oye, los españoles en concreto tal vez hayamos necesitado dosis más frecuentes, sesiones más largas, empellones más fuertes. De ahí nuestro proverbial celo católico. Es puro agradecimiento. La expresión “Gracias a dios” cobra ahora un nuevo significado para mí, porque sin Él, ¿qué hubiese sido de nosotros?, ¿la extinción? Eso ya lo intentamos varias veces, la última, no hace tanto; todavía hay cadáveres en las cunetas de nuestras modernas carreteras, de nuestros pin

Entradas más recientes

Dígalo en casa: "Mamá soy tonto"

Ruido de bar

La ventana distópica. Epílogo

La ventana distópica. Y V

La ventana distópica IV

La ventana distópica III

La ventana distópica II

La ventana distópica

Ficciones desde el interior

Literatura de combate